El domingo por la mañana dejamos Cracovia, no sin antes dar un último paseo por una ciudad que se había despertado lluviosa y desierta, con apena algunos turistas perdidos y algún carro de caballos cuya conductora buscaba pescar guiris aburridos. Recogimos nuestros bártulos y nos dirigimos hacia la estación de autobuses, no sin antes pasar por una oficina de correos en la que Valerito se hizo sus fotos, como no, y rumbo a Zakopane para iniciar un trekking.
Sin embargo, la previsión meteorológica no parece acompañarnos favorablemente durante los próximos días, así que después de concluir que iniciar la travesía por los Tatras sería una imprudencia que terminaríamos pagando con ropa mojada, resfriados, incomodidad y posibles pérdidas en medio de la montaña a causa de la lluvia y la niebla, anoche decidimos tomar hoy temprano un autobús hacia Poprad (Eslovaquia), dejar atrás terreno polaco y a sus "zlotis" hasta dentro de unos días.
El paso por Zakopane ha dejado tras de sí un rastro de excesos gastronómicos, músicos y camareros (y camareras que no pudieron evitar las miradas lascivas de José Luis) vestidos con trajes típicos de la zona, léase: pantalones claros de lana, ceñidos y con una especie de bordado decorativo en la parte superior (había algún polaco al que le hacía un culito... aunque he de decir que la mayoría los llevaban medio cagados... ese glamour, por Dios!), camisa blanca o negra y el jefe de todos con un colgande metálico enorme asomando por su escote de "pecho lobo". Las mujeres llevaban falda larga y camisa o corpiño. Una curiosidad: las camareras, cuando te cobraban, cogian el cambio de un monedero que llevaban en el bolso que vestían y que juraría que era suyo, pues llevaban en él tarjtas de crédito, fotos de niños... No hemos podido satisfacer la curiosidad sobre la razón de tan llamativo detalle.
Los bares de la zona eran 95% de madera (platos incluidos), con mesas que parecían pedazos de árboles y bancos en lugar de sillas. Entre la carne que se asaba y que olía nada más entrar, los camareros y camareras vestidos cual vikingos y el mobiliario de madera, a mí me daban ganas de pedir un jabalí asado y golpear una jarra enorme de cerveza sobre la mesa, a lo Ásterix y Obélix. Ni que decir tiene que lo intenté (lo de la cerveza, no sé decir jabalí ni en inglés ni en polaco) pero Jose me miró con expresión de juez represivo y Frank escondió su cara hacia el lado contrario al que me encontraba, así que me vi "obligada" a conformarme con un vulgar brindis.
[En vivo y en directo os informo de que hce 10 minutos que hemos entrado en territorio eslovaco]
Además de bares por doquier, Zakopae tiene alojamientos rurales por todas partes, también de madera, y tiendas de material deportivo de montaña. Se trata de un punto estratégico desde donde salen multitud de excursiones a los Tatras y en invieron debe de ser campamento base para esquiadores. Se encuentra a los pies de las montañas y eso le dota de un bonito paisaje. A parte de eso no tiene mucho más, que no digo yo que sea poco, pero que si nos pasamos muchos días más aquí me veo convertida en Obélix, aprendiendo a perdir jabalí asado y gastando dinero sin cesar. Poprad, si todo va bie, nos depara excursiones en coche (adelantaremos la fecha del alquiler) hacia castillos, cañones y espero y deseo que algo de bici. Sea como fuere, tened por seguro que si el wifi nos acompaña tendréis noticias nuestras muy pronto.
P.D. Sí, este país huele a salchichas por todas partes.
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